Chiste Abogados: ¿Por qué a los abogados se les entierra
Martes, Agosto 8th, 2006 ¿Por qué a los abogados se les entierra seis metros bajo tierra cuando a las demás personas se le entierra a solo tres?
Porque muy en el fondo son buenos.
¿Por qué a los abogados se les entierra seis metros bajo tierra cuando a las demás personas se le entierra a solo tres?
Porque muy en el fondo son buenos.
A un avión se le averió un motor en pleno vuelo, así que el piloto ordenó a la tripulación hacer que los pasajeros se abrocharan los cinturones y se prepararan para un aterrizaje forzoso. Dejó pasar unos minutos y preguntó a una azafata si ya estaban todos listos. Esta respondió:
Sí, todos, menos un abogado que sigue repartiendo sus tarjetas.
Estaba una persona afuera de una cantina y en ese momento llega otra persona manejando una bicicleta. El recién llegado le dice:
Ten cinco pesos y cuídame la bicicleta, por favor, mientras me tomo una copa.
La otra persona le responde:
¿Qué le pasa, yo soy abogado?
Y el dueño de la bicicleta le contesta:
No importa, igual le tengo confianza.
El abogado a su defendido:
Lo siento mucho, pero ya no sé qué decir para librarlo de la silla eléctrica.
¿Por qué no dice que fue usted?
Un señor reconocido por su malicia en los negocios, contrata a un abogado para que lleve un proceso judicial. Al tiempo ganan el proceso y el abogado llama a su cliente y le dice:
Le cuento que triunfó la ley y la justicia.
A lo que el cliente responde:
¡Apele licenciado, apele!
¿En qué se parecen los abogados a los canguros?
En que ambos son unas ratotas de 1.60 a 1.80 mts.
Un niño pregunta a su padre que es abogado:
Papá, ¿Sabes cuánto es 2 más 2?
El padre responde:
Depende hijo.
¿Depende de qué?
Si es para pagar o es para cobrar.
Cuando una persona ayuda a un criminal antes de cometer un delito, lo llamamos cómplice.
Si lo ayuda después de haber violado la ley, lo llamamos un abogado.
En un juicio público, el juez advierte a toda la sala:
¡Silencio! Les advierto que como vuelva a oir “ABAJO EL JUEZ” les echo a todos a la calle.
¡ABAJO EL JUEZ! Se escucha de nuevo.
Y el juez exclama:
La advertencia no lo incluía a usted señor acusado.
Clodomiro era un abogado muy avaro, un día se compró un Rolex y un Mercedes-Benz.
Al día siguiente fue a la corte a resolver un caso de un ladrón que mató a alguien. Cuando llegó, al abrir la puerta pasa un trailer de doble remolque y con una velocidad inaudita le vuela la puerta y su brazo izquierdo. El pobre hombre se pone a llorar como niño chiquito por su Mercedes-Benz.
En eso llega otro hombre y le dice:
Oiga señor, usted debería llorar por su brazo, y no por su Mercedes-Benz.
Volviendo en sí, el hombre empieza a llorar y a decir:
¡Mi Rolex, dónde quedó mi Rolex!